Te extrañé. Cada día. Como si
estuvieras. Como si el resto del tiempo formaras parte de mi vida. Como si tu
constancia no fuera la ausencia. Como si alguna vez te hubieras quedado. Como
si en algún momento nos hubiésemos encontrado. Te extrañé. Cada noche. Como si
durmieras conmigo. Como si te despertaras pensando en mí. Como si alguna vez me
hubieras abrazado en mis insomnios. Como si te hubieses quedado en mis sueños.
Como si en algún momento nos hubiésemos amado. Te extrañé. Cada melancólico
pensamiento. Como si me esperaras. Como si tuviéramos recuerdos donde
olvidarnos. Como si existieran palabras donde reconocernos. Como si tuviésemos
lugares donde dejarnos. Como si en algún momento nos hubiésemos ido.
viernes, 23 de enero de 2015
domingo, 30 de noviembre de 2014
La Otra
La otra. La que no tenía nombre.
La que ahora tiene hasta doble apellido. La otra. La de los ojos café, la de la
boca que te besa, la del pasado compartido. La otra. La de los infinitos
rostros que nunca fueron el mío. La otra. La que te quiere, la que querés, la
que te tuvo y te vuelve a tener. La otra. La que fue, la que es, la que quizás
no sea. La otra. La que te quita el sueño. La que te aleja de mí. La otra. La
que es ella, la que no soy yo, la que tal vez es cualquiera. La otra. La que no
es otra porque para serlo yo tendría que ser la que amaras más o la que
amaras menos o la que amaras distinto. La otra. La que no es otra porque para
serlo yo tendría que ser a la que ubicaras en el primer lugar en tu lista de
prioridades o a la que engañaras o a la que no quisieras lo suficiente. La
otra. La que no es otra porque yo soy ninguna.
martes, 4 de noviembre de 2014
No ser la elegida
No ser la elegida, eso le dolía,
no por una cuestión de amor propio, sino porque la hacía sentir en todo el
cuerpo las marcas de tanta falta de amor. No ser la elegida implicaba para ella
no reflejarse en los ojos de un otro porque no había otro que la mirara, no
sentir los latidos de otro porque no había otro que la abrazara, no confundirse
en la sonrisa de otro porque no había otro que la besara... O tal vez, si lo
había, no era el otro del que ella estaba enamorada, y entonces no le alcanzaba,
no le alcanzaba y le dolía. Y si le dolía era porque tanta falta de amor la
hacía sentir temblores que acompasaban el maldito tic tac del reloj y no la
dejaban dormir. Tanta falta de amor le generaba dificultades para respirar que
impedían que las lágrimas brotaran con naturalidad. Tanta falta de amor le
provocaba un fuerte dolor en el pecho, una puntada que la hacía sentir que se
le estaba resquebrajando el corazón. Tanta falta de amor le anudaba la garganta
ovillando decepciones, palabras retenidas en puestos de control, silencios
obligados a silenciarla. Tanta falta de amor la hacía sentir un peso en la
espalda que cargaba desilusiones, frases hirientes, encuentros no concretados,
llamadas en espera, ilusiones deshilachadas. Tanta falta de amor se traducía en
indiferencia, en desesperación, en una tristeza que ensombrecía su vida, que la
encerraba en sí misma y la volvía invisible otra vez.
No ser la elegida, eso le dolía,
y la iba desgarrando y endureciendo por dentro y por fuera, tornándose toscos
sus sentimientos pero también su mirada, y su postura, y su sonrisa humedecida.
No ser la elegida la hacía sentirse no querida, no deseada, no suficiente. No
ser la elegida la hacía sentirse despreciada, abandonada, poca cosa. Es que no
podía entender lo que pasaba, no entendía qué hacía mal para que nadie la
eligiera y no entendía por qué nadie o ninguno siempre se referían a él. No ser
elegida por él, eso era lo que la destrozaba, y que esa o cualquiera o todas las
que él sí quería nunca la incluyeran. No ser elegida por él y aún así
justificarlo por sus idas y venidas, por su confusa manera de estar sin estar,
por invitarla a jugarse la vida con él y después cambiarle las reglas para
hacerla sentir que perdía, que se perdía, que lo perdía. No ser elegida por él
y creerle, creerle aunque le ofreciera migajas de un sentimiento que no tenía
definición ni razón de ser y que sólo la hacían sentir insignificante y
desamparada. No ser elegida por él y seguir amándolo, amando a quien una mañana
la trataba como una completa desconocida y al día siguiente la despertaba y le endulzaba
el café con frases de amor, o tal vez no, tal vez ella sola lo endulzaba para
que la espera tuviera gusto a él aunque él nunca llegase, aunque la cita jamás
se concretara, aunque el azar no volviera a cruzarlos, aunque él siguiera sin
elegirla y ella muriera de ausencia.
domingo, 26 de octubre de 2014
¿Será?
¿Será que a veces la señal es,
justamente, la falta de señal? ¿O será que no hay señalizaciones que nos digan
cómo actuar? ¿Será que a veces sólo nos queda improvisar? ¿O será que tenemos
que usar lo aprehendido para entrar y salir de libreto? ¿Será que hay guías o
recetas que establezcan cómo debemos vivir? ¿O será que vamos creando nuevos
caminos y reinventándonos con cada experiencia? ¿Será que hay reglas que sólo
se hicieron para ser transgredidas? ¿O será que somos la excepción a la regla?
domingo, 14 de septiembre de 2014
Acorazada
Era como si en lugar de un corazón,
tuviese un puño estrujándole las palabras, los sueños, las lágrimas, haciéndole
añicos las esperanzas, los sentimientos... Tan cerrado, tan oprimiendo que no
podía abrirse, que parecía no poder liberar todo lo que desde su corta
existencia mantenía encarcelado ahí dentro... Dejar ir, soltar, decir, llorar, desanudar,
todo eso le había sido vedado en nombre de una fortaleza que ella no había
pedido, que no quería, que se le había adherido al cuerpo, endureciéndola y no
dejándola salir.
Era como si ese puño la
lastimara, la desgarrara y le impidiera amar. ¡Tanta presión! ¡Tanta prisión! Entonces
otra vez los miedos y el dolor que se madejaban, se mezclaban, se confundían
con esa soledad irreverente que no se iba, que era la única que verdaderamente
no la abandonaba. Y ella que odiaba sentirse así de sola, con esa soledad como
única compañía, con esa soledad como consuelo de quien sabe qué cosa. Y ella
que no quería más de ese tipo de consuelo que la hacía convencerse de que así
estaba bien, que se sufría menos, que vivir anestesiada era la clave para dejar
de sentirse tan vulnerable. Y ella que lo único que deseaba era despertarse de
ese estado de somnolencia.
Era como si por fin ese corazón se
transformara en una mano que lentamente se desperezaba, palma hacia arriba, todavía
temerosa pero dispuesta a entregarse a otro, a darse. A darse aún cuando
doliera, aún cuando el miedo la hiciera temblar, aún cuando el amor la inundara
de incertidumbres más que de certezas, porque de todos modos de qué le habían
servido tantas certezas más que para sumirla en ese profundo hermetismo. A
darse en palabras acalladas que ahora tomaban vuelo y eran gritadas, liberadas,
desenredadas. A darse en abrazos que derramaban lágrimas, que las hacían rodar
por sus mejillas para terminar en su boca, en esa boca que tejió silencios más
que besos, y que ahora besaba y decía.
martes, 19 de agosto de 2014
Mandatos
A ella le enseñaron que la mujer es el sexo
débil.
A él le inculcaron que los hombres no lloran.
Ella quiso escapar pero la retuvo la culpa.
Él quiso rebelarse pero la fuerza de la ley
golpeaba más duro.
Ella aprendió a callar sumisamente aunque
doliera.
Él debió gritar fuerte aunque tuviera miedo.
Ella, a veces, se siente asfixiada por gritos
mudos que se le anudan en la garganta.
Él, a veces, tiene ganas de llorar pero
respira profundo para reprimir las lágrimas.
Ella sueña con que un día hablará y su voz
será escuchada.
Él sueña con que un día se quedará en silencio
y su decisión será respetada.
Ella no duerme deseando ser él.
Él no duerme deseando ser ella.
Ella, en realidad, no quiere ser él.
Él, en realidad, no quiere ser ella.
Ellos, simplemente, quieren poder elegir
quiénes ser…
domingo, 3 de agosto de 2014
JuEgO dE PalAbRaS
El tiempo parecía
burlarse de nosotros y, en sus ansias por rebelarse, nos jugaba una mala pasada
detrás de la otra. Y como si fuéramos víctimas de un reloj cuyas agujas
atrasaran o adelantaran las horas a gusto y piacere, nos andábamos
desencontrando por todos lados, siempre tan a destiempo los dos.
¿Llegamos tarde a
la cita o nos alcanzamos antes de lo previsto?
¿Nos vimos y nos
desconocimos o preferimos no vernos por miedo a conocernos sin máscaras?
¿Nos amamos a primera
vista o nos desamamos en cuarto intermedio?
¿Andamos los
caminos trazados o desandamos los destinos ajenamente escritos?
¿Cruzamos los
límites o descruzamos los dedos?
¿Descreímos de las
señales o nos convertimos en fervorosos creyentes de los finales felices?
Señales. Marcas.
Huellas. Surcos. Rastros. Testimonios.
Finales.
Conclusiones. Remates. Adioses. Desenlaces.
O tal vez…
¿Comienzos? ¿Inicios? ¿Surgimientos? ¿Nacimientos?
Juego de palabras o
palabras que desatan juegos.
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